El estrés en la infancia

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Lo maravilloso en la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla

Trabajando con niños te das cuenta de que ya desde bien chiquititos a los pobres se les exige casi más que a una persona adulta. Si te detienes a mirar su agenda, verás que es peor que la del presidente del gobierno: jornada escolar y después: ballet, fútbol, inglés, piano y un larguísimo etcétera. Esto hace que lleguen muy tarde a casa, tengan que hacer los deberes, ducharse, cenar e ir a dormir. Y, así, pasan los días y las semanas.

Prácticamente no se les deja tiempo para ser niños. Por ello, cada vez más, te encuentras con pequeñajos «que lo saben todo», son como viejecitos resabiados, que se pierden lo mejor de la vida: la infancia.

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