El estrés en la infancia

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Lo maravilloso en la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla

Trabajando con niños te das cuenta de que ya desde bien chiquititos a los pobres se les exige casi más que a una persona adulta. Si te detienes a mirar su agenda, verás que es peor que la del presidente del gobierno: jornada escolar y después: ballet, fútbol, inglés, piano y un larguísimo etcétera. Esto hace que lleguen muy tarde a casa, tengan que hacer los deberes, ducharse, cenar e ir a dormir. Y, así, pasan los días y las semanas.

Prácticamente no se les deja tiempo para ser niños. Por ello, cada vez más, te encuentras con pequeñajos “que lo saben todo”, son como viejecitos resabiados, que se pierden lo mejor de la vida: la infancia.

Esa infancia en la que todo es nuevo, todo te sorprende, no tienes miedo a nada y los prejuicios no existen. No estamos todavía “corrompidos” por “el que dirán”, por ejemplo.

Sin embargo, a pesar de ser una de las mejores etapas de la vida, los pobres, cada vez la disfrutan menos. Cada vez es más normal encontrar niños con estrés.

Y, a pesar de no darnos cuenta, este estrés y esta manera de actuar se la inculcamos los adultos con hechos, palabras y un largo etcétera. Recuerdo la conversación con un profesor, el cual era muy positivo y alegre. Éste, un día le dijo a un niño de 6 años que no se enfadara tanto consigo mismo cuando algo no le salía del todo bien y que sonriera de vez en cuando. Incluso, le llegó a preguntar porqué nunca reía. El niño le respondió: “Mi padre dice que la vida es muy seria, y por eso yo también debo serlo!”. ¿Perdonaaaaa???? ¿En qué mundo vivimos, en el que no se le permite a un chiquillo reír?

Una herramienta que les sería de gran ayuda (aunque todavía sigue primando el ballet antes que buscar una actividad beneficiosa para la salud del niño) sería el yoga para niños, entre otras cosas.

Pero, también, les ayudaría que les exigiéramos menos y les regaláramos un poco más de tiempo libre para ser niños.

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