Cada maestrillo tiene su librillo

Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más. Proverbio hindú

Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más. Proverbio hindú

Cada clase de Yoga es única, pues son muchos factores los que crean que ésta se convierta en algo especial.

Sin embargo, cada profesor tiene su estilo, procedencia y saber hacer. En la actualidad, estamos rodeamos de muchas variantes y estilos: Hatha, Vinyasa, Kundalini, Ashtanga, a 40 grados, terapéutico, etc. Convirtiéndose en algo un poco confuso para áquel que quiere iniciarse en el mundo del Yoga.

Para los amantes del reto físico están el Ashtanga, Vinyasa, 40 grados, por ejemplo.

Para aquellos que quieren más introspección dentro del asana, el Hatha Yoga.

Para los que quieren algo más espiritual y despertar su Kundalini, el que lleva su nombre.

Para los que les encantan las opciones eclécticas, las fusiones del Yoga y el Pilates, por ejemplo.

Yo, dependiendo de lo que quiera el centro o los alumnos, pues opto por un tipo o por otro.

Aunque, personalmente, me gustan las prácticas orgánicas.

¿Qué quiero decir con orgánicas?

En el mundo que vivimos se nos ha reprogramado totalmente contra natura; pues, el cuerpo humano está para moverlo. Pero ahora lo más común es el trabajar estático delante de un ordenador o quedarse repanchingado en el sofá con el mando a distancia en una mano.

Por ello, en mis clases, me gusta hacer del movimiento una meditación. Me gustan las clases orgánicas, en las que se combine el aguantar unas respiraciones en la postura con el realizar el movimiento al ritmo de la respiración, convirtiendo la postura en algo con vida. Yo, en mis clases, hago broma con los alumnos y les digo que para llegar a Savasana (la postura de relax final, también conocida como la postura del cadáver), tienen que ganárselo.

El trabajar el cuerpo con la respiración, movilizando la columna de forma tridimensional es algo realmente beneficioso para el organismo. Además, a través del cuerpo, llegamos a interiorizar en nuestra sabiduría interior. Escuchar el cuerpo te dota de gran sensibilidad y capacidad de transformación. Por ello, lo bueno en la práctica de yoga es poder realizarla a diario, aunque algunos días tan sólo tengas 15 minutos para dedicarle. Al principio puede costar, pero cuando ya llevas una temporada es algo que tu propio cuerpo te lo pide.

¿Por qué es importante el movimiento?

Sí que es verdad el dicho que dice: “quédate quieto, para que aquello que buscabas pueda encontrarte”, pero para que esto pueda suceder, antes ha habido un movimiento, una energía.

Es más, si observamos la naturaleza: aquellos animales que se quedan quietos son aquellos a los que les queda poco de vida.

Otro ejemplo, una persona, cuando hace una vida muy sedentaria; ¿qué le pasa?: empieza a tener dolores, le falla la circulación sanguínea, su metabolismo se vuelve más lento, etc.

Por ello, hay que moverse, y pararse también! Debes buscar el equilibrio entre actividad física y descanso, pues ambos son necesarios.

También, cuando hay una lesión: al principio, si es muy grave hay que hacer reposo, pero hay que ir movilizando la zona y fortaleciendo los músculos para que no vuelva a repetirse o se quede con nosotros como algo crónico.

Nota Importante

Los yoguis, como muchas culturas, opinan que la juventud está determinada por la flexibilidad de la columna.

Por ello, yo te animo a que te muevas y te estires en todas las maneras saludables posibles, de forma consciente para que te mantengas joven toda la vida!!

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